A mi primer hijo…

Mi niño amado, estás a unos días de convertirte en hermano mayor y no puedes imaginar la cantidad de sentimientos que tengo.

Estoy feliz por recibir y conocer a tu hermano, sé que van a ser grandes amigos y vas a saber amarlo y guiarlo.

Pero al mismo tiempo, estoy triste de dejar esta etapa atrás, esta etapa en la que mis pensamientos, tiempo y corazón son solo para ti.

Me acuerdo cuando llegaste a nuestra vida, lo asustada que estaba, lo difícil que fue para mí adaptarme a mi nuevo papel de mamá; lloré mucho, creí que nunca aprendería y que nunca iba a lograr entender a ese nuevo yo.

Pasé muchas noches sin dormir, muchos días con miedo y ansiedad sin saber si lo estaba haciendo bien, preocupada por tu bienestar, pero me enseñaste que mi cuerpo y mi mente pueden mucho más de lo que creía.

Me enseñaste el verdadero significado de entrega, me enseñaste que no es algo que pesa o duele, si no un deseo real de dar tu vida por otra persona, mi entrega a ti es absoluta, estoy dispuesta a hacerte feliz a pesar de lo que sea, a pesar de mi cansancio, a pesar de haber tenido un mal día, a pesar de sentirme mal.

Tú sabes qué tarde un poco en agarrarle la onda a la maternidad, pero también sabes que todo lo he hecho con todo el amor del mundo.

Ahora te veo y no me imagino no ser tu mamá, no me imagino mi vida sin tu sonrisa, sin tu voz, sin tus ojos enormes y expresivos; disfruto cada segundo de estar contigo (bueno hay momentos de desesperación), todas las noches papá y yo nos ponemos a compartir historias tuyas, nos contamos lo que lograste, las veces que nos hiciste reír con tus ocurrencias y tu chispa y agradecemos lo afortunados que somos de tenerte. Y cada mañana en cuanto escucho tu voz no puedo evitar sonreír.

Puede ser un cliché, pero tú nos hiciste papás, tú nos enseñaste que la magia es real, que no es exageración cuando dicen qué jamás habían conocido un amor tan grande y tan puro.

Y ahora que está por llegar tu hermano, siento que estoy lista, estoy lista gracias a ti, gracias a todo lo que me enseñaste, te toco abrirle el camino a tu hermano, y creo que no hubiera podido pedir por un mejor maestro.

Ahora lloro al pensar en que mi tiempo no será solo para ti, en que nuestros momentos de complicidad serán menos, en que tendremos que incluir a alguien más en nuestra rutina y nuestros juegos.

Sé que el amor se multiplica, y estoy segura de que así será, pero en este momento me cuesta trabajo imaginar que pueda amar a alguien más de la manera en la que te amo a ti.

Te quiero decir de una vez, que a pesar de que mis manos estén ocupadas, de que mi tiempo se divida, de que mi atención esté dispersa, mi corazón siempre va a ser para ti, y mi amor nunca se va a dividir, y te prometo siempre buscar momentos para compartir sólo contigo y que este lazo que llevamos dos años (más nueve meses) formando, cada día va a crecer más y no va a haber nada ni nadie que pueda romperlo.

Y por otro lado estoy tranquila, porque sé que tienes un corazón gigante y que vas a querer muchísimo a tu hermano y vas a ser muy feliz de tener con quién compartir tus travesuras.

Gracias por ser mi primer hijo, mi primer amor chiquito, mi primer “mamá”, mi maestro, mi cómplice, mi amigo, mi incondicional.

No tengo palabras para describir mi amor por ti, pero creo que no las necesito, porque tú lo sabes.

Te amo por siempre mi niño.

Tu mamá.

Sígueme en Instagram

Deja un comentario