Ser mamá en pandemia

Cuando imaginé cómo sería mi vida de mamá, nunca pasó por mi cabeza que sería encerrada. 

En el momento en que supe que estaba embarazada empezó mi ilusión, pasaban los meses y cada vez imaginada más, cómo mi hijo iba a llegar a formar parte de nuestras vidas, cómo íbamos a ir ahora 3 a las reuniones familiares en lugar de dos, cómo en navidad habría un nuevo niño en la cena, imaginaba que lo iba a llevar a conocer a sus tíos, que iríamos de viaje a casa de la abuela en la playa, me imaginaba hasta paseando en la plaza con su carriola; cada actividad que hice durante esos meses de embarazo los recreaba agregando a mi niño, estaba emocionada de que estuviera él en todas esas actividades. 

Mi hermana y varias amigas estaban embarazadas por las mismas fechas, imaginaba que los meses de incapacidad estaría todo el tiempo en casa de mi hermana y visitando a la familia y amigos. 

Llegó el día en que nació mi bebé, nació un martes, entre el tráfico y el trabajo, es difícil para la gente ir al hospital entre semana, pero todos estaban más que listos para ir el fin de semana a mi casa. 

Mi casa lista, todo arreglado, galletas y café para las visitas, baño de visitas con toallas nuevas, bebé en casa…. nunca llegaron las visitas, llegó algo más permanente, el covid. 

Suena dramático, pero así fue, justo esos días avisaron que todo se iba a cerrar y al no tener más información decidimos que lo más prudente sería no recibir visitas.

Las primeras semanas no me parecieron tan difíciles, estaba metida intentando lograr la lactancia, adaptándome a despertar cada 3 horas, intentando establecer horarios; además de que se decía que sólo iban a ser 40 días… 

Tengo que admitir que al inicio de todo sí creí que sería algo que iba a terminar pronto, pero conforme pasaron los meses y fui conociendo más e investigando más me di cuenta que esto no iba a terminar, es algo que llegó para quedarse, puede ser que se vean mejoras  ahora que ya tenemos vacunas, pero va a pasar mucho tiempo para que las cosas vuelvan a la normalidad, si es que vuelven. 

Pero bueno, esto no será un post sobre covid, les quiero contar lo que yo he vivido cómo mamá primeriza en pandemia. 

Los que me conocen saben que he sido muy cuidadosa, algunos dirían que hasta excesivamente cuidadosa, no he salido a ningún lugar, mi esposo, mi hijo y yo pasamos la mayor parte del tiempo en la casa, durante los primeros tres meses no pisamos el exterior, ni siquiera el jardín común, después, empezamos a ir a casa de mis suegros, pero siempre después de que todos hubieran estado guardados al menos 15 días, de esa misma forma empezamos a ver a mi hermana, mi cuñado y su nuevo bebé. 

Nada fue cómo lo imaginé, no pasé mi incapacidad con mi hermana, es más ni siquiera vi a su bebé ni ella al mío durante 3 meses, nadie vino a conocer a mi hijo, nadie lo cargó de bebé, no lo saqué a pasear en carriola, no ha ido a una plaza, no ha ido a reuniones familiares, no conoce a todos los otros bebés que nacieron en ese tiempo, ni a los que siguen naciendo. 

Mi hijo tiene 16 meses y todavía hay gente a la que no conoce, no sabe que existe algo más allá del parque, no sabe que la gente antes podía salir sin cubrebocas, es gracioso pero a la vez triste que él mismo me regresa si por algo se me olvida el cubrebocas, va por él y me lo da. 

Si lo pienso mucho me dan ganas de llorar, yo sigo casi igual que hace año y medio, pero para mi hijo, es toda su vida, y a esa edad el tiempo vuela, ya no es un bebé, ya todos se perdieron el verlo crecer, el cargarlo, el estar en sus primeros pasos, ya no tuvo su primer navidad con toda la familia cómo lo imaginé, no tuve su primer cumpleaños con toda la familia y amigos, no convivió con su primo desde bebé. 

Durante un tiempo sentí cómo si alguien me hubiera robado de eso, sí hubo momentos donde estuve triste de pensar en todo lo que no tuve y todo lo que me perdí; y entiendo que hay cosas peores, pero se vale darle su espacio a las emociones, es una pérdida de alguna manera, las ilusiones y sueños no cumplidos hay que dejarlos salir y superarlos, de lo contrario son emociones que se quedan dentro y pueden hacer daño a futuro; entonces si te pasó lo mismo, no te sientas mal, vívelo y encuentra nuevas ilusiones. 

Cómo se los he contado, me costó mucho trabajo adaptarme a mi vida de mamá, y creo que mucho tiene que ver con el encierro, el no tener un respiro, que no hubiera alguien que me ayudara, cosas tan simples como ir a comer un día con los abuelos y que ellos cargaran al bebé un rato, o invitar a una amiga a platicar o salir a dar un paseo. Todo mi día éramos él y yo y si llega a ser agotador. 

Siempre digo que si tuviera otro hijo volvería a ser mamá primeriza porque no se lo que es dormir a un niño fuera de casa, no se lo que es la lactancia en “público”, ni lo que es cambiar un pañal en lugares extraños.

Pero no todo es malo, agradezco al covid porque mi esposo ha podido estar con nosotros todo el tiempo, de hecho no sé quién lo va a sufrir más cuando regrese al trabajo, si mi hijo, mi esposo o yo, ya tenemos muchas rutinas juntos, mi esposo baña a mi hijo todos los días y si trabajara en oficina no podría regresar a tiempo, comemos juntos todos los días y la verdad si a mi hijo le dan ganas de verlo entramos a su “oficina” (o sea el cuarto) a saludarlo. 

Agradezco que mi familia está bien, que a pesar del distanciamiento social hemos estado en contacto y hemos encontrado la forma de vernos con las medidas necesarias (mucho menos de lo que quisiéramos, pero algo es algo). 

Cuando imaginé cómo sería mi vida de mamá, nunca imaginé que sería encerrada, pero como todo el la vida, me adapté y ahora creo que ha sido algo muy padre, con muchas enseñanzas, hemos tenido retos pero los hemos superado y creo que eso es algo que va a crear un lazo distinto y más fuerte entre mi hijo, mi esposo y yo, somos un equipo, un equipo de supervivientes.

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