Y me convertí en mamá…

A los 30 segundos de ser mamá, ya nada era como me lo habían platicado, no tuve apego inmediato y ni ganas de pedirlo, estaba toda drogada por la anestesia y solo quería dormir.

Tampoco me solté a llorar y sentí ese amor desbordante que todas cuentan qué sienten al ver a su hijo por primera vez, es más, aquí entre nos, vi a mi hijo y hasta dije: “ni está tan bonito”; y esto es mucho más común de lo que creemos, no a todas les pasa que sienten que conocieron al amor de su vida en ese momento, y no es algo malo, necesitamos conocerlo. No digo que no lo quisiera, claro que lo quise desde el segundo uno, es solo que no me sentía profundamente enamorada de él; necesité tiempo, conocernos, conectarnos, comunicarnos para poder llegar a lo que siento por él, que SÍ es el amor más grande que he sentido en la vida y sí babeo cada vez que lo veo y muero de amor con cada cosa que hace; pero lo que quiero transmitirles es que no es inmediato para todas, y ¡no pasa nada! 

Todo lo que había leído sobre el postparto es que tu cuerpo no es el mismo, no te sientes tú, las hormonas se apoderan de tus sentimientos, y esta parte es muy real, mis hormonas me hacían llorar todos los días alrededor de las 9 de la noche, ¿por qué a esa hora? No lo sé, yo lo atribuyo a que se acercaba la hora de dormir, y eso significaba que no iba a estar alguien viendo al bebé todo el tiempo y me generaba una ansiedad gigante, además de pensar en otra noche sin dormir (también el no dormir es real, al menos el dormir de corrido). 

Los primeros días fueron difíciles, a nadie parece importarle que eres nuevo en esto (sobre todo al bebé), desde que te entregan a tu hijo a las pocas horas de nacido las enfermeras se desentienden (a menos que solicites su ayuda), y pues sí, es tuyo y ahora tú te encargas, y desde el segundo uno eres tú la de las decisiones, la de la responsabilidad, la encargada de mantener con vida a esa pequeña criatura. 

Y no importa todo lo que hayas leído, nada te prepara para tu primera noche en casa con bebé; mi esposo y yo vimos películas toda la noche, y medio cabeceamos entre toma y toma, pero no dormimos casi nada, y a eso sumenle que te da un miedo tremendo de que algo le pase, revisaba su respiración cada 5 minutos, no quería dejar de verlo ni un segundo; los cambios de pañal nocturnos eran una odisea, cada vez que le quitábamos el pañal se hacía pipí y eran pocas las veces que lográbamos salvar la ropa, entonces un cambio de pañal que podría tomar 5 minutos nos tomaba 30 porque teníamos que cambiarlo completo; pero poco a poco le fuimos agarrando el ritmo y todo fue fluyendo mejor, y siendo sincera, no nos fue mal con el sueño nocturno los primeros 5 meses (después llegó la regresión y todo se derrumbó), pero mi bebé logró dormir bien en las noches desde la primera semana y eso nos daba un respiro.

La lactancia fue difícil, tardé un par de días en lograrlo bien y luego tuve muchos problemas de ductos tapados, pero creo que merece un post completo, ya les contaré después.

A pesar de las noches sin dormir y la lactancia, a mí lo que más trabajo me costó fue sentirme yo, y no me refiero a mi cuerpo, la verdad eso nunca me generó problemas, me refiero a sentir que esa era mi vida. Recuerdo que pensaba que en algún momento le “agarraría la onda” y podría organizarme para relajarme, ver series, bañarme mientras el bebé dormía, despertarme antes que él a hacer ejercicio y hacer mis cosas, y pues no jajaja, estaba tan equivocada, cada día era distinto, cada vez que creía que ya tenía algún ritmo establecido algo cambiaba.

Yo de verdad creía que un bebé solo comía y dormía, eso es lo que mucha gente te hace creer, y pensé que yo podría hacer más cosas con él a un lado y pues no, descubrí que los bebés necesitan mucha atención desde que nacen, y a pesar que de noche no dormía tan mal, las siestas nunca las ha logrado, por lo que la mayor parte del tiempo (de día) me la pasaba intentando dormirlo y la otra mitad intentando no despertarlo, y el tiempo que estaba despierto, demandaba toda mi atención. El bebé no te espera cuando tiene hambre, no le puedes decir “al ratito te cambio el pañal”, si te necesita, es en ese momento, así estés cansada, te estés tomando un café o tengas que ir al baño; cómo les dije, en este trabajo no hay break y tienes al jefe más exigente.

Tardé un par de meses en entender que esta era mi vida ahora, en dejar de querer encajar al bebé a mi vida anterior y disfrutar de lo que era ahora. 

No se si sea algo normal para todas las mamás pero muchas veces mientras estaba con mi bebé jugando o viendo cómo entretenerlo, sentía que no estaba haciendo algo de provecho, que debería ponerme a recoger la casa o lavar los platos o hacer ejercicio o algo más y al final del camino no estaba ni en una cosa ni en otra.

Fue hasta cómo los tres meses que me “cayó el 20” de “ésta es MI realidad” y que entendí que mi lugar ahora era junto a mi bebé y que cuidarlo, entretenerlo, cantarle, cambiarle el pañal era lo que tenía que estar haciendo y que mi mente y cuerpo tenían que estar presentes en ese momento y cuando por fin lo entendí fue cuando empecé a disfrutarlo y me relajé, solté y todo empezó a fluir mejor.

Y no les he contado, pero como si la maternidad no tuviera suficientes retos agreguenle que llegó la pandemia a los pocos días de que nació mi bebé, gracias a Dios mi mamá (que no vive en la misma ciudad) ya estaba aquí conmigo y pudo estar los primeros 10 días para ayudarnos, que fueron una ayuda tremenda, de verdad todas las que tengan oportunidad de que las apapachen unos días, aprovechenlo, porque después ya eres tu la apapachadora nunca la apapachada (…violines).

Después de esos 10 días y hasta ahora (13 meses después) hemos sido, mi esposo mi bebé y yo contra el mundo, encerrados en un departamento cuidándonos del covid; hemos tenido la fortuna de poder hacerlo y mi bebé y esposo han podido convivir 24/7, cosa que no se hubiera podido de otra forma, pero tiene sus retos y complicaciones y para mi se vieron intensificados al ser mamá primeriza, no tengo experiencia previa, pero creo que me hubiera sido menos pesado si hubiera podido salir y convivir con más gente, tener más brazos para arrullar a mi bebé, salidas, cafecitos, paseos, cualquier otra actividad que me sacara de la rutina.

Bromeo con mis amigas que si llegara a tener otro hijo, sería como una mamá primeriza de nuevo, no tengo experiencia en alimentar fuera de casa, en cambiar un pañal en un lugar público, en dormir a mi bebé fuera, entonces sería como volver a empezar.

Me convertí en mamá, y mi mundo cambió, ya no soy la misma y nunca más volveré a serlo, ahora soy mamá, el trabajo más difícil, pero sin duda el más gratificante; las que ya son mamás me entenderán, las que van a ser mamás, prepárense, lean libros, lean blogs, léanme a mí, pero sobre todo prepárense para no estar preparadas, no creo que nadie nunca lo esté y entre más conscientes seamos de que no es algo que podamos controlar, creo que será más sencillo disfrutarlo.

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